martes, 1 de septiembre de 2009

espejos rotos


Siempre he tenido debilidad por los espejos. A ellos les avala su condición de fieles representantes de la verdad. No obstante, el observador parte con el condicionante de saber que, lo que el espejo al que se acerca le ofrece, es una verdad invertida, una verdad pervertida.
Un espejo te tiene delante, se hace contigo, pero cuando ya no estás a su alcance, se olvida de ti. De tus buenos gestos. De la forma que tienes de intentar ser tú mismo. Decididamente, los espejos no tienen memoria. Y esa debilidad suya es su arma más afilada.
La superstición asigna mala suerte al que rompe un espejo, aunque sea de forma accidental. Yo no creo en estas cosas. Porque hay espejos que se rompen solos, y de eso, nadie es responsable.
Buena suerte... para la mala suerte.

2 comentarios:

Franklin Quiñones dijo...

Interesante comentario; si a los espejos "les avala su condición de fieles representantes de la verdad", aunque sea invertida, creo que vivimos en un mundo de vampiros.

B.I.G. dijo...

Un espejo se puede romper y reflejar distorsionadamente la verdad, pero la verdad sigue estando intacta, sigue ahí.
Verdaderamente los espejos no tienen memoria, pero la verdad no cambia, la verdad permanece.